lunes, 12 de marzo de 2012

ALaNPEDIA: VITICULTURA


1. AMPELOGRAFIA



             La vid es uno de los cultivos más antiguos que se conocen, y existe una gran cantidad de variedades en todo el mundo. Muchas de estas variedades se cultivan desde hace siglos, y algunas son comunes a muchas localizaciones geográficas distintas. Es un hecho ancestralmente conocido por el hombre que distintas variedades de vid dan lugar a diferentes tipos de vino, lo que unido a los diferentes gustos existentes, dio lugar a una necesidad: la identificación, lo más precisa posible, de las distintas variedades disponibles en cada región vitícola. Esta necesidad se resolvió inicialmente, como en la totalidad de especies vegetales y animales, de la forma más natural e intuitiva posible: mediante la descripción y comparación de determinados caracteres visibles.



Con el tiempo, el estudio de la vid se hizo más sofisticado y alcanzó un rango elevado, pasando a constituirse en una ciencia propia: la Ampelografía (del griego ámpelos, vid).

García de los Salmones - 1º ampelógrafo español


Tradicionalmente, se han utilizado métodos subjetivos de descripción de los caracteres morfológicos de los órganos de las vides. El International Plant Genetic Resources Institute (IPGRI), que es un centro del Grupo Consultivo sobre Investigación Agrícola Internacional (CGIAR) y que está vinculado a la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), editó los “Descriptores para la vid (Vitis spp.)” en 1.997. En un intento de consenso, las listas de descriptores se realizaron en colaboración con la OIV y la UPOV. Los descriptores morfológicos seleccionados para la identificación de variedades de vid deben ser fácilmente detectados a simple vista y deben servir para hacer una discriminación fácil y rápida entre fenotipos. Generalmente son caracteres heredables, que se expresan igualmente en todos los ambientes.



Actualmente estos tres organismos: IPGRI, OIV y UPOV presentan descriptores propios, disponen de una lista de caracteres que se refieren a aquellas características de la planta suficientemente estables para ser válidas a la hora de definir y diferenciar las distintas variedades.

 
Estas listas de caracteres coinciden en una gran parte pero no llegan a ser completamente idénticas, pues reflejan los criterios y alternativas elegidos por los distintos grupos de expertos que han conformado cada uno de los organismos internacionales mencionados. Durante los años 2.006 y 2.007, se han celebrado reuniones entre la UPOV y la OIV para tratar de unificar los descriptores morfológicos seleccionados para la identificación de variedades de vid.

En cada descriptor, a cada carácter se le adjudica un código. Los niveles de expresión que pueden presentar cada uno de ellos se corresponden con dígitos enteros entre 1 y 9, y, con el fin de facilitar la determinación de estos niveles, se señalan variedades que sirven de referencia para cada uno.

Tanto para la protección de variedades como para la realización de los Registros de Variedades Comerciales (referencia oficial en cuanto al panorama varietal de la especie) en el ámbito de la Unión Europea, se ha fijado el descriptor UPOV como referencia obligada, si bien es frecuente, tener en cuenta el de la OIV, y para algunos cometidos de investigación el del IPGRI. La descripción ampelográfica mínima de una variedad de vid, de acuerdo con la OIV, puede efectuarse con 40 caracteres, mientras que para la descripción completa son necesarios 130. En cualquier caso se incluyen caracteres de todas las partes del ciclo vegetativo de la planta, así como algunos fenológicos.

Los órganos de la planta sobre los que se estudian los diversos caracteres de los descriptores son los siguientes: sumidad o pámpano joven, hoja joven, hoja adulta, pámpano, sarmiento, inflorescencia y flor, racimo, baya y semilla.

Entre los tratados clásicos de Ampelografía cabe destacar los desarrollados por Viala y Vermorel (1901) y Galet (1956-1964). Pese a resultar indispensable, la Ampelografía adolece de unas características que limitan su utilidad frente a otras técnicas más recientes:

Subjetividad: pese a la cuidadosa selección de los descriptores, sigue existiendo un cierto factor de subjetividad en la caracterización morfológica.

Largo tiempo necesario para completar la descripción: desde que se inicia una plantación, pueden pasar 4 años hasta que las plantas estén listas para ser descritas. La descripción abarca un ciclo vegetativo completo de la planta, lo que implica un mínimo de cuatro visitas del ampelógrafo a la plantación a lo largo de unos seis meses. Además, debido a diferencias ambientales, el estudio debe realizarse durante varios años.

El número de caracteres a estudiar es limitado, por lo que, dado el gran
número de variedades de vid, no siempre es posible la identificación inequívoca. Ampliar la lista mínima a otros caracteres conlleva riesgos, pues muchos son susceptibles a las diferencias ambientales, lo que aumenta el riesgo de errores en la identificación.

Los distintos tipos de poda afectan a los caracteres morfológicos de la
planta, haciendo que los resultados no siempre sean comparables.


2. OTRAS TECNICAS Y MÉTODOS DE RECONOCIMIENTO

Métodos morfométricos
Se han buscado una serie de caracteres susceptibles de cuantificación estricta y objetiva, con la finalidad de eliminar la subjetividad del operador. Así nació la Ampelometría, método que complementa los estudios ampelográficos. Está basado en la descripción cuantitativa y en el análisis e interpretación de la forma de las hojas mediante el uso de un digitalizador, que facilita tanto las mediciones de longitudes y ángulos presentes en las hojas, como el procesamiento de los datos. En resumen, se trata de un método de simple y rápida aplicación, que sustituye en parte al trabajo del operador en el campo con el fin de identificar una variedad.

Técnicas moleculares bioquímicas
Hace algunos años, fueron bastante utilizadas técnicas moleculares con las que se obtenían estimaciones de la variabilidad de variedades de vid atendiendo a caracteres de tipo bioquímico, tales como isoenzimas de hoja y sarmiento, y proteínas de endospermo. Hoy en día, éstas técnicas prácticamente han sido reemplazadas por aquellas basadas en el estudio de los ácidos nucleicos.

Técnicas moleculares basadas en el análisis de ADN
             Las técnicas moleculares permiten estudiar polimorfismos en el ADN, origen de toda la variación genética, y constituyen por tanto una aproximación más fiable para determinar las diferencias entre variedades o especies. Además evitan problemas asociados con influencias medioambientales, factores fisiológicos y expresión específica de tejido y desarrollo.

El genoma de la vid ha sido secuenciado a través de un proyecto franco-italiano y se encuentra libremente disponible para todo el mundo entre otras, en la página web:


La vid posee un tamaño genómico de 475 Mpb organizado en 19 cromosomas (2n=38). Es aproximadamente tres veces mayor que el tamaño del genoma más pequeño conocido en plantas, perteneciente a Arabidopsis thaliana (145 Mpb), similar al del arroz [Oryza sativa (419-463 Mpb)], y cinco veces más pequeño que el del maíz [Zea mays (2.292-2.716 Mpb)].

El número de secuencias nucleotídicas totales presentes en el genoma de la vid, y publicadas en el NCBI-National Center of Biotechnology Information (USA) es de 555.200, la mayoría de estas secuencias (320.503) son ESTs (Expression Sequence Tags-secuencias del genoma que se expresan como ARN). Dentro de estas 555.200 secuencias nucleotídicas totales, 17.806 son secuencias unigenes.

La secuencia de ADN del genoma de una especie sufre a lo largo de su evolución mutaciones puntuales, deleciones y/o reorganización de fragmentos cromosómicos. Dada la dispersión de las secuencias codificantes en el genoma de los organismos superiores, la mayoría de estos cambios se acumulan en las regiones no codificantes. Los cambios ocurridos en el transcurso de la evolución en secuencias codificantes están sujetos a presión de selección, por lo que según para qué estudios, interesa trabajar con uno u otro tipo de secuencias, siendo las que afectan a regiones no codificantes de gran utilidad para análisis de identidad.

             A partir de los años 70, aparecieron los llamados “marcadores moleculares”, que consisten en sistemas polimórficos basados en la detección de pequeñas diferencias existentes en las secuencias del ADN. Se trata por tanto de “polimorfismos moleculares” relativos a diferencias de bases nucleotídicas que se pueden detectar por una gama diversa de técnicas y que se pueden utilizar como alelos moleculares. Normalmente, se analiza un pequeño fragmento del ADN, que puede o no contener genes. Los primeros marcadores utilizados fueron los RFLP (Restriction Fragment Lenght Polymorphism); una técnica laboriosa que inicialmente requería el empleo de materiales radiactivos, y no es fácilmente automatizable.

En los últimos años ha sido ampliamente utilizada la reacción en cadena de la polimerasa (PCR). Esta técnica permite la amplificación de fragmentos específicos, hasta concentraciones muy elevadas, a partir de pequeñas cantidades de ADN molde. Para ello es necesario, además del ADN molde, una ADN polimerasa termoestable, nucleótidos y unos pequeños fragmentos monocatenarios de ADN que por complementariedad de bases se pueden unir al ADN molde y sirven de cebadores a la polimerasa.

Microsatélites
En IPGRI, además de los “Descriptores para la Caracterización”, basada en el estudio de características morfológicas, estaban reflejados los “Descriptores para la Evaluación”, de menor importancia, los cuales incluían a los microsatélites entre los marcadores moleculares. La situación hoy en día, diez años más tarde, ha cambiado considerablemente: muchos institutos de la vid utilizan los microsatélites como marcadores para identificar sus variedades, además de, o en vez de, las descripciones morfológicas. La OIV acaba de incorporarlos a su sistema como descriptores para la caracterización.

Los microsatélites consisten en una pequeña unidad de repetición, generalmente de menos de 4 nucleótidos, que puede estar repetida un número variable de veces en distintos puntos del genoma, normalmente con longitudes menores de 100 pb cada locus. También se llaman por ello repeticiones de secuencias simples (SSR). Desde su descubrimiento se intuyó la utilidad que estas secuencias podían tener como marcadores polimórficos.

3. LAS VARIEDADES DE VITIS

             El número de variedades de V. vinifera registradas en el mundo y surgidas por evolución natural, es al menos de 5.000.  Los patrones son híbridos entre especies americanas (V. riparia, V. rupestris y V. berlandieri) y/o de éstas con viníferas (V. vinifera), con objeto de conseguir material resistente a la filoxera para poder ser injertado. Los clones son las descendencias por vía vegetativa, surgidas a partir de un único individuo (cabeza de clon) y que tienen alguna cualidad que los hace diferenciarse del individuo tipo de la variedad.


La clasificación de las variedades cultivadas que componen la especie Vitis vinifera es difícil, debido a que las variedades actuales proceden, de la evolución, selección, adaptación al cultivo de las lambruscas (vides silvestres) y del cruzamiento natural entre plantas hermafroditas de origen asiático, introducidas por el hombre, con las poblaciones dioicas europeas de vides silvestres (variabilidad intervarietal), es decir, son mestizos entre las “Proles Póntico-occidentalis”. De aquí que se afirme  que los viñedos españoles son variedades de distintas especies. Por otro lado, estos cultivares europeos actuales, posiblemente procedan de un grupo de plantas muy semejantes extraídas de la flora, lo que justificaría plenamente el origen policlonal de nuestros actuales cultivares, que por lo tanto deben ser considerados como auténticas viníferas población.



Dada esta variabilidad intravarietal, donde cada variedad esta constituida por un conjunto de individuos que no presentan caracteres idénticos en los aspectos morfológicos, agronómicos y organolépticos, es posible, seleccionar cabezas de clon y posteriormente clones, dentro de las variedades.



El cultivo de la vid tiende hacia un número limitado de variedades (debido a causas naturales y/o humanas), que pone en grave peligro el patrimonio genético vitícola. Tras la terrible plaga de la filoxera que asoló los viñedos europeos en el siglo XIX, los métodos de cultivo han cambiado de forma radical: modificación de las técnicas de cultivo y creación de viveros de selección y multiplicación de material vegetal. Así la mayoría de las variedades cultivadas hoy en día no tienen más de 200 años.



Esta situación ha provocado una gran perdida de riqueza genética en muchas de las variedades empleadas, incluso pueden desaparecer genotipos autóctonos o variedades enteras que son minoritarias en cuanto a superficie de cultivo.



El problema de las sinonimias de las diferentes variedades que integran el V. vinifera, L., es grave y antiguo.  Una misma variedad, puede presentar diversos nombres o sinónimos según el lugar donde se cultive, existe una media de cuatro sinónimos o sinonimias por variedad.



La variedad en cuestión se la conoce con el nombre más extendido, llamándose al resto de los nombres, sinónimos de esa variedad. Ya el autor latino Columela (s.I), cita la variedad Biturica menor que en España la llaman Cocolubis o la variedad Torrontés también llamada Monastrell blanco, o la var. Palomino común llamada Centella en Rota.



              En ocasiones ocurre que a distintas variedades se las conoce con el mismo nombre (homónimos u homonimias), debido a errores o denominaciones populares, o bien variedades diferentes se las considera la misma variedad (sinónimos erróneos o sinonimias erróneas), pudiendo originar la pérdida de la variedad autóctona que erróneamente se considera sinónima de la variedad dominante. Incluso una misma variedad puede sufrir modificaciones (ecotipos), para adaptarse a diferentes zonas. Así se encontraron diferencias entre el Albillo de Herrera y el encontrado en Talavera y en Andalucía; así como entre el Torrontés del mismo autor del hallado en Ronda, Trebujena y Gérgal.


De aquí, surge la exigencia de aunar los nombres sinónimos de una misma variedad para evitar confusiones y/o equivocaciones. En 1942 se recogen los nombres vulgares y sinónimos de las vides cultivadas en España. En 1980, se describen 229 variedades de vinificación y 175 de uvas de mesa y detecta más de 1.500 sinonimias.



En España el panorama es similar ya que aunque el número de variedades no supera las 79, se pueden encontrar hasta 173 denominaciones diferentes. Luis Hidalgo en 1988 describe 67 var. de vid cultivadas en España y recoge sus sinonimias.



Posteriormente, en 1992 la OIV redacta una lista con los principales sinónimos de las viníferas de vinificación.



Por todo ello, surge la necesidad de la creación de bancos de germoplasma vitícola, donde se conserve todo el acervo genético de las variedades cultivadas

 
Para poder admitir una variedad como sinónima de otra ya descrita con anterioridad, o bien definirla como una nueva variedad, se ha de proceder a su descripción e identificación.

             La caracterización de las especies y variedades de vid (Ampelografía) se centra en varios campos: recopilación de las variedades cultivadas, estudio de sinónimos, puesta a punto de los métodos de identificación varietal y conocimiento de las aptitudes de las variedades y de los portainjertos.

La caracterización de especies, variedades y clones de vid se realiza fundamentalmente mediante métodos morfológicos, en los que se hace un estudio detallado de la hoja y del racimo; bioquímicos; genéticos, se determina el perfil genético de la planta a estudiar; físicos ...

No obstante, el método ampelográfico oficial para la caracterización de variedades y clones de vid es el de la OIV, UPOV e IBPGR (actualmente BIOVERSITY ), que consta de 130 caracteres: 40 obligatorios para la descripción de todas las variedades de viníferas.

Estos 40 caracteres se muestrean durante todo el ciclo vegetativo de la vid. Así en brotación se analiza un parámetro; en foliación 4 caracteres sobre el ápice del pámpano joven; en floración 7 caracteres en el pámpano adulto; 17 caracteres se muestrean sobre la hoja adulta en la época de cuajado a envero; mientras que en la maduración se analizan 3 caracteres sobre los racimos y 7 sobre la baya y finalmente en el agostamiento se muestrea un único parámetro.

 Este método adoptado por la UE, unifica criterios y descripciones para toda la Comunidad y es la base necesaria para colaboraciones e intercambios de material vegetal vitícola a nivel internacional

4. LISTA PRIORITARIA DE DESCRIPTORES PRIMARIOS

             Para una rápida caracterización de variedades y por recomendación de la OIV los participantes de "Genres el 96 N081" partners recopilaron una "Lista Prioritaria de Descriptores Primarios". La lista abarca 14 descriptores primarios con prioridad uno. Los descriptores elegidos muestran una buena capacidad discriminante entre variedades. La mayor parte de ellos son fáciles de evaluar.